Viven las Palabras

Viven las Palabras

Mi pequeño rincón de la palabra.

Las palabras se pasean, se recrean, se enlazan y se vuelven frases, relatos, poemas, cuentos, narraciones... y estallan sentimientos, recuerdos, anhelos, fantasías... y liberan y atrapan corazones.

Una espumosa locura.

literatura, poemas, narrativaPosted by milesdecaminos Mon, August 17, 2015 18:00:19


Una espuma locura

que me revuelve en tus aguas,

que me atrapa y me subyuga.

Un torbellino que arrastra

mi barco con tu bravura.

Tu marea me arrebata,

te sumerges y te inundas

en el centro de mi mapa.

Con la calma eres la cuna,

en la corriente la magia,

la hechizante galanura,

una visión fantástica

de la pasión más profunda.




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La senda del lago (fragmento)

literatura, poemas, narrativaPosted by encantadodeservirle@hotmail.com Fri, August 07, 2015 18:47:35

Casi, casi puedo escuchar el susurro del viento atravesando la arboleda. Puedo sentir sobre mi piel el calor del sol que se abre hueco a través de las ramas multiplicándose en cientos de finos rayos luminosos. Las aguas juegan a mecerse combinando todas las gamas de color, desde los inquietantes grises, pasando por el frescor de los azules hasta llegar a los verdes serenos, recuerdo irremediable de tus ojos. Podría llamarle camino pero creo que no debo darle esa categoría, tengo la impresión que sendero le viene más ajustado. Aquella senda, decididamente lo llamaré así, no debe ser demasiado transitada, hay muchas piedras en ella y algunas ramas de los árboles ocupan su espacio, pero intuyo que debe haber algo grande al acabar su recorrido. La magia que desprende me da pié a pensar que en un momento determinado me voy a encontrar un poco más allá, en un claro, algún ser maravilloso, quizá un hada, tal vez una ninfa, quién sabe; alguien que me hablará de manera enigmática y me dará las pistas para seguir en la búsqueda de algún tesoro perdido. También es posible que en lugar de algún ser benévolo tropiece con una cuadrilla de maléficos y despiadados personajes que me lleven a la más indescriptible y retorcida de las aventuras. Lo cierto es que cualquier cosa puede pasar en ese bosque.

Yo, inmóvil como una estatua frente a la ventana, la plaza abarrotada de gentes en las últimas horas de la tarde, adultos sentados en los bancos a la sombra de los árboles al amparo de su frescor, el comienzo de una primavera abrasadora, los niños disfrutando de sus juegos entre la hora de la salida del colegio y la de regreso a sus casas para cenar y dormir, carreras, bicicletas y balones. Toda una algarabía que se acompaña con la música exagerada de algún coche que pasa por la carretera con las ventanillas abiertas. Mis ojos miran sin ver. Una mano sujeta un cigarrillo que se consume irremediablemente. La otra juega inconsciente con la cadena que cuelga de mi cuello. En mi mente desgrano cada uno de los eslabones de aquella sucesión de acontecimientos. El azar me llevó a tu isla. La isla te puso en mi camino. Tú me llevaste a él. Él me ha sumergido de lleno en su tesoro. De pronto, el calor de las brasas entre mis dedos me devuelve a la realidad de aquel salón, de aquella ventana, de aquella plaza, de aquel gentío... De nuevo, la realidad más cercana.

Confieso que lloré. Lloré como un auténtico niño. Pasé la tarde entre lágrimas, mocos y sollozos. No me pregunten cuál fue la causa, quizá hubiera alguna concreta pero yo creo que se debió a todo un cúmulo de ellas. Aquella ciudad, ahora lo pienso así, no sólo me mostró su crudeza, también sirvió de espejo donde se reflejaron algunos de mis fantasmas, algunas de mis miserias. Yo, seguramente, en similares circunstancias actuaría de forma parecida; o peor, quién sabe. También afloró la impotencia. Impotencia al saber que no podía hacer ni el más mínimo gesto para solucionar aquello. Impotencia al saber que no puedo hacer nada para solucionar esto.

Por un momento siento que me pierdo, que me abandono, que camino esquivando las piedras y las ramas que aparecen en mi paseo. Quiero saber qué me espera al otro lado. No tengo miedo. Muy al contrario, quiero y deseo seguir la andadura. Me entrego al sendero. La impresión es, pienso, como la que debería sentir Alicia tras el espejo. Aventura. Eso me dice el aire. Aventura.

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